
Han pasado más de 15 años desde que la actividad minera registró un repunte, con el inicio del proceso de exploración de proyectos como el de Petaquilla, y a pesar del debate que ha rodeado esta temática, las demandas, aspiraciones y preocupaciones no han variado.
Precisamente, en ese escenario, en mayo de 1998, la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD), dentro del Proyecto Desarrollo y Perspectivas de la Actividad Minera en Centroamérica, realizó un taller, dentro del cual la delegación panameña hizo un esbozo de la situación actual y las perspectivas de la actividad minera en Panamá.
Se concluyó que la minería presenta oportunidades de desarrollo económico y mejoramiento social en aspectos de salud, educación, vías de acceso, generación de empleo y servicios básicos, en comunidades apartadas.
Abogaron por que la minería se desarrolle en forma armónica con el medio ambiente, de manera que se minimicen los impactos negativos que pueda tener en la naturaleza.
El documento plasma una situación que es real hoy y hace más de diez años, puesto que en muchas áreas la minería se constituye en la única alternativa debido a la intensa intervención el ser humano, por ejemplo la deforestación.
Algo fundamental que plantean todos los sectores es que los beneficios de la actividad minera persistan después que el proyecto culmine, en proyectos de educación, reforestación, y la recuperación de áreas afectadas haciéndolas aptas para otras actividades como el turismo, agropecuario, entre otras.
Uno de los puntos fundamentales, en vista de la poca tradición minera de Panamá, es la divulgación e información veraz y abundante sobre esta temática.
Igualmente, se planteó que las concesiones mineras se deben dar con prioridad en áreas no protegidas y, en caso de que se otorguen, que las regulaciones y normas ambientales sean más exigentes.
También, la creación de instancias internacionales donde se puedan denunciar, desde el punto de vista moral, los posibles abusos y faltas de las empresas mineras.
También, que en cada proyecto se realice una consulta comunitaria planeada y permanente; y que sea obligatorio dentro del Estudio de Impacto Ambiental, el método para rehabilitar las áreas afectadas por la minería.
Como se ve, son aspiraciones de siempre, y que hoy más que nunca, son factibles de cumplir, puesto que las modernas tecnologías así lo permiten; pero mas fundamental es, no se puede partir desde la premisa de no permitir el desarrollo minero, porque con sus ventajas y desventajas, se trata de una actividad que genera riqueza e impulsa el desarrollo de áreas generalmente apartadas.